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Estudios vinculan la lactancia materna con menos genes de resistencia a antibióticos en bebés

Investigaciones del IATA-CSIC asocian la leche materna y sus oligosacáridos con un resistoma menos abundante en el intestino infantil

Estudios vinculan la lactancia materna con menos genes de resistencia a antibióticos en bebés

Por El Economista ·

Dos estudios recientes del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) asocian la lactancia materna exclusiva durante el primer mes de vida con una menor presencia y diversidad de genes de resistencia a los antibióticos en el intestino de los bebés. El primero de los trabajos fue publicado en Nature Communications y el segundo, difundido esta semana, apareció en Cell Reports Medicine.

Durante los primeros meses de vida, el intestino infantil es colonizado por miles de millones de microorganismos, un proceso que marca la salud futura del bebé. En esa etapa también maduran el sistema inmunitario, el metabolismo y el neurodesarrollo. Factores como el tipo de parto, la alimentación o la exposición a antibióticos pueden modular esos procesos y dejar una huella duradera.

Entre los microorganismos colonizadores hay bacterias portadoras de genes de resistencia a los antibióticos. Esos genes, presentes en la microbiota, constituyen el resistoma. Cuando las bacterias adquieren la capacidad de sobrevivir a determinados medicamentos, las infecciones pueden ser más difíciles de tratar, se limitan las opciones terapéuticas y se favorece la propagación de microorganismos resistentes, uno de los grandes retos de salud pública de las últimas décadas.

Para el segundo estudio, los investigadores analizaron muestras de leche materna y heces de 57 bebés de la cohorte MAMI, un proyecto desarrollado en la Comunitat Valenciana que estudia cómo distintos factores maternos y ambientales influyen en la microbiota y la salud infantil desde el nacimiento. Siguieron la evolución de la microbiota intestinal de esos bebés durante su primer año de vida y validaron los principales resultados en una cohorte independiente de Países Bajos, formada por 199 bebés lactantes.

Las conclusiones mostraron una asociación clara entre lactancia exclusiva y un resistoma menos abundante y diverso. Parte de esa relación parece explicarse por el papel de las bifidobacterias, microorganismos característicos del intestino de los bebés alimentados con leche materna. Algunas especies de Bifidobacterium están adaptadas para utilizar los oligosacáridos de la leche humana (HMO) como fuente de energía, lo que favorece su crecimiento y su predominio en la microbiota intestinal infantil.

El efecto resulta especialmente interesante en los bebés nacidos por cesárea, un tipo de parto que puede modificar la colonización microbiana inicial. En el estudio, los bebés nacidos por cesárea que recibieron lactancia materna exclusiva durante el primer mes presentaron una carga de genes de resistencia comparable a la de los bebés nacidos por vía vaginal y mucho menor que la de aquellos que no recibieron lactancia materna. En cambio, una menor presencia de bifidobacterias se relacionó con mayor abundancia de microorganismos potencialmente patógenos portadores de genes de resistencia. Los HMO son el tercer componente sólido más abundante de la leche humana y no son digeridos por el bebé, sino que sirven de alimento para determinados microorganismos intestinales.

Fuente original: El Economista