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Gaza: 300 días de tregua y la vida sigue siendo un infierno
Ibrahim al Ghandur, de 36 años, perdió una pierna y cuatro dedos en una explosión. Vive en una tienda en Deir el Balah, sin trabajo y con una hija a la que no ve desde hace dos meses.
Por EL PAÍS México ·
- Ibrahim al Ghandur perdió a su hermano y parte de su cuerpo durante la invasión israelí.
- Vive en una tienda en Deir el Balah, sin trabajo y con una hija a la que no ve desde hace dos meses.
- La tregua de 300 días no ha traído electricidad, agua ni reconstrucción a Gaza.
Ibrahim al Ghandur, de 36 años, asegura que el alto el fuego no ha cambiado su vida. Durante la invasión israelí, su hermano menor salió a buscar harina a la Fundación Humanitaria de Gaza y nunca regresó. Al día siguiente, Al Ghandur encontró su cadáver destrozado por perros. "Lo cargué y lo llevé al hospital", relata. Su familia lo enterró, pero él huyó sin poder asimilar lo ocurrido.
Días después, mientras caminaba por la carretera de la playa, una explosión lo dejó inconsciente. Al despertar, tenía media pierna y cuatro dedos amputados. Hoy vive en una tienda de campaña en Deir el Balah, desplazado desde Yabalia, un campamento que ya no existe. Sin trabajo, pide ayuda económica por internet y sueña con una evacuación médica que podría tardar una década.
Al Ghandur lleva dos meses sin ver a una de sus hijas porque no puede pagar el transporte. "A veces prefiero alejarme del camino para que la gente no me vea, porque me avergüenzan las miradas de lástima", confiesa. Se siente como un niño pequeño que depende de su madre, y explota de rabia sin razón. Su muñón sigue infectado y le sale pus, pese a la medicación.
La tregua, que supera los 300 días, ha reducido los bombardeos y permitido la entrada de más camiones, pero poco más ha cambiado. Gaza sigue sin electricidad ni agua, y las colas para llenar bidones son rutina. Cientos de miles viven en tiendas, esperando una reconstrucción que el Gobierno de Netanyahu bloquea como castigo colectivo. La comunidad internacional, además, ha reducido su atención.
Fuente original: EL PAÍS México