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La Guaira lucha por reactivarse dos meses después de los terremotos
El turismo se detuvo, miles de negocios siguen cerrados y la economía se contrae entre 55% y 70% en el tercer trimestre.
Por EL PAÍS México ·
- Solo 1.752 de casi 7.000 negocios operan en La Guaira.
- La economía podría contraerse entre 55% y 70% en el tercer trimestre.
- El turismo prácticamente se detuvo tras los terremotos.
A dos meses de los terremotos que sacudieron La Guaira, la región intenta volver a la normalidad, pero la economía sigue muy golpeada. Alejandra, una peluquera que perdió su hogar y su negocio, ahora atiende a sus vecinos bajo una carpa en Playa Verde, en Catia La Mar, epicentro del segundo sismo. "Monté mi carpa para ofrecer mis servicios a la comunidad. Con trabajo nos podemos recuperar", dice.
Según un censo del gobernador Alejandro Terán, solo 1.752 de los casi 7.000 negocios que existían antes del terremoto están en funcionamiento. El economista Asdrúbal Oliveros estima que la actividad económica podría contraerse entre 55% y 70% en el tercer trimestre de 2026 respecto a 2025. Los daños directos se calculan en 4.982 millones de dólares, según el Banco Mundial.
En el Mercado El Mosquero, en Maiquetía, la actividad regresó dos semanas después de los sismos, pero seis puestos nunca volvieron a abrir porque sus dueños fallecieron. Daniel Arvel, trabajador del mercado, explica que algunos vivían en edificios que colapsaron. Los comerciantes que regresaron cargan con pérdidas de viviendas y seres queridos, pero siguen trabajando con menos clientes.
Una encuesta de la Cámara de Comercio de La Guaira revela una caída del 80% en los ingresos del sector productivo. Además, rumores falsos en redes sociales sobre pescado contaminado ahuyentaron a más clientes. La paradoja es que los negocios pueden abrir, pero la economía que los sostenía aún no regresa.
Antes de los terremotos, más de 15.000 personas trabajaban en turismo, pero ese flujo desapareció. Los balnearios de Macuto y Caraballeda siguen restringidos, y los negocios sobrevivientes han tenido que adaptarse a una clientela distinta.
Fuente original: EL PAÍS México