Vacaciones: por qué no siempre logran recuperarnos del estrés laboral
Expertos señalan que los beneficios del descanso se desvanecen a la semana de regresar al trabajo y que la recuperación debe ser constante.
Por El Economista ·
- Los beneficios de las vacaciones se desvanecen a la semana de regresar al trabajo.
- La recuperación del estrés debe ser constante, no solo en vacaciones.
- Dormir más en vacaciones no revierte los efectos del sueño insuficiente.
Cada año repetimos la promesa de descansar en vacaciones, pero los especialistas advierten que dos o tres semanas de asueto no compensan meses de cansancio acumulado. Las vacaciones pueden aliviar el desgaste, pero no transforman una forma de vida que nos agota durante todo el año.
La investigación muestra que las vacaciones mejoran el bienestar y reducen temporalmente el agotamiento, pero sus efectos positivos se desvanecen a la semana de regresar al trabajo. Un estudio con trabajadores cuyas vacaciones duraron en promedio 23 días encontró que el bienestar aumentó durante los primeros días y alcanzó su punto máximo alrededor del octavo día.
Los expertos distinguen cuatro experiencias que favorecen la recuperación del estrés laboral, pero señalan que las vacaciones no las garantizan. Podemos estar en la playa y continuar trabajando mentalmente, o llenar cada día de planes hasta convertir el descanso en otra agenda que cumplir.
La expectativa de recuperarnos también puede volverse en contra. Llegamos pensando que debemos dormir ocho horas y desconectar inmediatamente, pero el sueño es involuntario y no podemos apagarlo como una luz. Cuanto más vigilamos si estamos descansando, más difícil resulta abandonar el estado de alerta.
Dormir más durante las vacaciones puede reducir la sensación de cansancio, pero no revierte de golpe los efectos de meses de sueño insuficiente. Un experimento mostró que dormir más el fin de semana produjo mejoras transitorias, pero no evitó alteraciones metabólicas al volver a reducir las horas de sueño.
Las vacaciones también modifican las señales que regulan nuestro sueño: nos acostamos y levantamos más tarde, hacemos siestas prolongadas y cambiamos horarios de comida. Esta flexibilidad puede ser beneficiosa, pero el problema aparece cuando cada día seguimos un horario distinto.
Fuente original: El Economista